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viernes, 30 de septiembre de 2016

La transparencia y la rendición de cuentas como formas de control favorables para la sociedad

Una sociedad altamente democrática requiere de la  reproducción de mecanismos de participación que permitan un ejercicio corresponsable, en el que tanto el gobierno y los ciudadanos se ven inmersos en el desarrollo de sociedades más transparentes. Un proyecto democrático desde esta óptica requiere de la publicitación como un mecanismo de interacción entre gobernantes-gobernados para resolver los niveles de desconfianza que ni los organismos autónomos que se han constituido como espacios proveedores de certeza han garantizado. La incapacidad de estos cuerpos de generar confianza es un problema que escapa a sus propias capacidades debido a que la democracia liberal vive una permanente desafección que los gobiernos en América Latina han prolongado bajo una espiral de desestabilidad que se traduce en ingobernabilidad. Las crisis políticas que han sido el ambiente generan gobiernos débiles que son incapaces de frenar actos que van dañando el tejido social, lo cual produce que la desconfianza sea estructural; es así que el escenario que caracteriza la gestión este impregnada de corrupción, que como mal endémico profundiza la desafección ciudadana hacia los gobiernos democráticos. Lo anterior nos obliga a recuperar la idea de sociedades vigilantes bajo los mecanismos que la accountability ha abierto para que se constituyan interrelaciones basadas en principio éticos de control y transparencia de las acciones de los gobiernos, tanto en el ámbito federal como local.
De lo anterior se desprende que la tarea inmediata de los gobiernos en México es atender la transformación de la esfera pública-estatal para lograr que la publicitación de sus actos ante públicos ciudadanos que están pendientes del actuar de sus gobernantes. La intervención de una sociedad organizada cuenta con mecanismos de interacción con los poderes constitucionales, sin embargo no consideramos que sean suficientes para consolidar un proyecto político abierto y confiable para la sociedad.
La propia constitución del órgano garante anclado en la constitución nos permite atender el difícil camino que no ha sido sencillo sortear para habilitar un sistema de acceso a la información y la transparencia. Es por ello que en este ensayo buscamos mostrar las diversas reformas que se han sucedido y que posibilitaron el robustecimiento del otrora IFAI hoy INAI a lo largo de quince años de su creación.  
Asimismo, nuestro interés es señalar la importancia del derecho de acceso a la información y la transparencia como parte de un sistema que al habilitar procedimientos encuentra prácticas que se dilucidan en proactivas o reactivas de acuerdo a si es una garantía o una obligación.

Cuando apelamos a entender a la transparencia como un valor público es porque, “...aporta[r] elementos de información que permitan limitar la constitución nebulosa de sospecha y también tener un efecto preventivo...” (Rosanvallon, 2015:323) para establecer un vínculo de vigilancia y control tanto de los funcionarios como de los gobiernos.

La desafección con la democracia en México durante los gobiernos de la era neoliberal

El malestar que existe con la democracia mexicana deriva de la difícil relación que el desarrollo tiene con una democracia formal a la que se pusieron demasiadas expectativas. Esta imprudencia institucional fue promovida por actores claves para la vigencia del proceso democrático, los partidos fueron grandes promotores de este exceso. Es así que cuando las contradicciones de los primeros resultados de los gobiernos de la democracia mexicana nos encontramos con una sociedad inconforme con los gobiernos.
La fragilidad de estos gobiernos producto de la falta de consensos para llevar a cabo su proyecto político se vinculó con la inexperiencia de la gestión, ambos elementos son significativos pues los resultados económicos no han sido los que permiten cerrar la brecha económica que hay en la sociedad mexicana. La fábrica de pobres en que se han convertido los proyectos de gobierno de la democracia advierten la fragilidad de este tipo de gobierno.
En México el factor económico es clave para advertir cómo las reformas estructurales que se han implementado han  provocado cismas en ámbitos que demandaban protección para que su incorporación al libre mercado fuera en mejores circunstancias. Ejemplos son varios, destacando el campo, la energía, sectores claves a los que históricamente el desarrollo de las regiones han estado vinculados.
Nuestro objetivo es ofrecer un panorama general que permita ubicar la relación de la cohesión social y la democracia como factores que permiten garantizar a la comunidad política. Una comunidad, que en su construcción histórica como Estado, debe asumir que hay un mundo social que demanda mayor intensidad en su capacidad de intervención. De cierta manera, el momento de la sociedad civil se da en momentos en que las contradicciones de un modelo económico muestra cómo la desigualdad determina la exclusión de grandes de la población. Una población que está expuesta a un incremental mundo de exclusión y de falta de oportunidades, laborales, educativas, salud, vivienda. 
El mundo que se revela cuenta con un modelo político estatal amputado de su responsabilidad social, una de las causas es producto de la nula capacidad económica para hacer frente por sí solo a los problemas que aquejan a la población, por ello, nuestro interés es mostrar cómo las crisis en diversos ámbitos de la vida colectiva van generando una individuación que cada vez rompe el factor colectivo que la forma de estatalidad que México se dio a partir de 1917 hoy esta en ocaso.
La recurrente desafección que los “gobiernos de la democracia” han vivido está constituida por el cansancio que permea en la sociedad, los diversos elementos que constatan esta actitud social vincula factores de ineficacia e impotencia para que los mecanismos institucionales puedan ser útiles para contener la brecha de doble alejamiento que determina la relación políticos-ciudadanos.
Asimismo que el descontento con los resultados electorales no pueden ser retomados como indicadores que nos permitan ubicar la desafección, pues el alejamiento de la política es estructural y no la coyuntura que implica la elección que en México no ha sido utilizada como parte del sistema de rendición de cuentas. La creciente indiferencia con la política y aburrimiento con la política representativa ha abierto espacios que la “política de la calle” ha aprovechado para presentar demandas que ven el espacio político limitado.
Sin embargo, hay que reconocer que las respuestas gubernamentales no han sido adecuadas, desde Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y  Enrique Peña Nieto, movilizaciones sociales o de grupos con prácticas clientelares o corporatistas han determinado una agenda mediática en la que por lo menos han puesto en entredicho la capacidad presidencial para ofrecer una respuesta expedita que, apegada al respeto de la ley, sea ofrecida como solución al problema. Por el contrario, la solución ofrecida ha considerado el uso de la fuerza policiaca o militar, con lo que cada uno de estos sexenios, ha tenido un episodio sangriento que lo ha impactado negativamente del que no fue fácil reponerse.
La aprobación gubernamental como podemos constatar desde el sexenio de Ernesto Zedillo hasta Felipe Calderón, implicó una desilusión con el cambio que vinculado con el resultado de las elecciones intermedias, los tres gobiernos “... inicia un ciclo en el que la aprobación de los tres sigue un curso de caída...” (Beltrán, 2015)
El dato que nos interesa resaltar, del desencanto a mitad del sexenio, en los sexenios de los gobierno neoliberales  nos obliga a poner atención en un fenómeno que podríamos nombrar como descontento en el contexto electoral, ya que el nivel de aprobación presidencial (niveles altos para los tres presidentes) no correspondió con los resultados electorales, al respecto Beltrán señala:
“en las tres elecciones intermedias el partido en el poder recibe votaciones para diputados más bajas a las que recibió en la elección concurrente anterior, 13 puntos en el caso de Zedillo, siete en el caso de Fox y cinco en el de Calderón.” (Beltrán, 2015)
Para tomar conocimiento de momentos claves del fenómeno de aprobación de la gestión presidencial, tomemos el inicio del sexenio cuando podemos apreciar el grado de aprobación y quizás de expectativas que la ciudadanía tiene con el presidente. Para el inicio del sexenio, por ejemplo Ernesto Zedillo contaba con una aprobación de 76%, sin embargo el desgaste y gestión de la crisis provocó que, dos meses después de iniciar su gobierno, para febrero de 1995 su nivel de aprobación tan sólo fuera de 23 puntos.
La legitimidad con que llegó el gobierno de Vicente Fox alcanzó niveles de aprobación de 74%, porcentaje alto comparado con los siguientes dos presidentes. Sin embargo, así como hemos visto, en el sexenio inmediato anterior, para 2002 tan sólo contaba con el 45% de aprobación, el motivo: el alza del precio de la luz entre otras medidas. Mientras el caso de Felipe Calderón inició su sexenio con un nivel de aprobación que heredado del sexenio pasado, aderezado con un contexto de alta movilización social producto del conflicto poselectoral del que emanó como presidente de la República, alcanzaba una aprobación por arriba del 50%.
El caso de Enrique Peña Nieto ofrece un escenario complicado pues inició con una aprobación de  43%, los enfrentamientos con la CNTE y anarquistas a partir del primer año de gobierno provocarán una caída para quedar en 36%. No podemos omitir que el contexto de confrontación y el desgaste en la aprobación son producto de las reformas en materia fiscal, hacendaria. El desgaste presidencial ha seguido constante y posterior al asesinato de los estudiantes de Ayotzinapa el nivel de aprobación llegó a niveles bajos, 25 puntos para el mes de diciembre de 2014. En suma, la caída drástica de la aprobación presidencial ha obligado a cambios en la dirigencia nacional del partido en el gobierno, a pesar de que quien arrastró al PRI a su debacle fue el presidente de la República, quien a mediados del año 2015, contaba con 39% de aprobación. La caída se ha mantenido en el año 2016 momento en el que la aprobación de tan sólo 33% seguramente es producto de las condiciones de inseguridad, crisis y desempleo son parte de los indicadores que mayor lastre representan para la sociedad.
Como podrá verse, en los casos seleccionados, hay una constante en los resultados que esbozamos, el nivel de aprobación inmediato al inicio de la gestión presidencial decae producto de medidas gubernamentales que no cuentan con el apoyo de la población. El desencanto con los gobiernos es inmediato, fenómeno que se corrige hacia mitad del sexenio para decaer en la recta final de sus mandatos –a excepción de Ernesto Zedillo-, por ejemplo, la caída en la aprobación de Felipe Calderón es dramática a tres meses de concluir su mandato con 45% de aprobación, cuando había estado por encima del 50%, incluso en los momentos más críticos de la recesión económica a mitad de su sexenio. Por su parte el final de sexenio de Vicente Fox en el año de 2006 hereda una aprobación apenas por encima del 50%.

Sirva pues estos datos para reafirmar uno de los ejes que impulsan este ensayo, la percepción de ineficacia y por ende de gobiernos improvisados, alejados de las necesidades y expectativas de los electores puede confirmarse con los niveles de aprobación gubernamental. De esta manera, los llamados presidentes de la democracia mexicana se caracterizaron por encabezar gobiernos alejados de las necesidades poblaciones, apegándose al guión de impulsar los cambios que demandaba el proyecto neoliberal, como ha ocurrido en el presente sexenio donde las virtudes de las reformas estructurales han dado paso a un creciente malestar social al incrementarse insumos como es la gasolina, energía eléctrica, la promesa no cumplida del descenso en el costo de la telefonía, entre otros.