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martes, 22 de septiembre de 2015

grupos de poder y empresarios

El estudio de los grupos de poder está íntimamente ligado con la evolución del régimen democrático en la medida de que su marco de acción es cuestionado por grandes núcleos de población a quienes se les ha  restituido capacidades ciudadanas y de intervención en los asuntos públicos. Las tendencias a transparentar y a la construcción de un proyecto contra-democrático de control sobre los gobiernos han permitido poner atención en estos actores que han logrado organizar sus intereses y así poder influir y determinar la agenda pública a partir de un discurso y acción pública. Las alianzas los grupos de poder han establecido en áreas estratégicas con el Estado se convierten en parte de una estrategia política de estos grupos, quienes en su capacidad de influencia capturan o anclan sus proyectos. Sin duda, esto determina una nueva relación de lo público estatal, pues hay que reconocer el discurso gubernamental está seducido por esta visión particular que le brinda un campo de acción más amplio sin que su trabajo gubernativo este expuesto a principios éticos o morales.
La metamorfosis no sólo del discurso gubernamental si no también de la función del Estado ha sido analizado en países como Argentina, Chile donde las acciones empresariales por sectores estratégicos fueron claves para ver cómo ocurrieron los cambios socio-políticos y socio-económicos en sus respectivas sociedades. Es interesante valorar que la relación entre los grupos de poder y el Estado si bien se volvió más transversal el factor jerárquico alineaba los campos de actividades para alentar a aquellas áreas que se aperturaron a la inversión extranjera vía los grupos  de poder locales que como pequeños inversores encontraron en dichas alianzas verdaderas fuentes de ganancias inmediatas.
Es decir, en algún momento tenemos que referir a la redefinición de lo público estatal entendiendo que en la apariencia el supuesto repliegue no es más que el permanente ajuste condicionado mutuamente de la frontera entre lo público-privado. Asimismo lo que nos enseña el fortalecimiento de los distintos sistemas capitalistas imperantes en América Latina es que las relaciones de poder siguen vigentes determinando las diversas negociaciones que permiten control y delegación desde y para el “gobierno indirecto cada vez más privado”. Es decir en ningún momento existe un ocaso de la influencia de lo político en espacios de decisión gubernamental.

En el caso mexicano los grupos de poder son actores que se han vuelto claves en la dinámica de evolución de sectores estratégicos desde las reformas constitucionales que han abierto áreas de la economía que demandan de liquidez, es así que los contratos por servicios abrieron paso a un cambio en la existencia de la empresa pública, hasta el modelo en el que empresas como PEMEX, CFE se han convertido en empresas productivas del Estado. Estas transformaciones estructurales de sectores claves de la economía nacional refuerzan la presencia de actores económicos de los que hay que reconocer su dinámica y relevante papel en la articulación de las nuevas relaciones económicas, políticas y sociales. Relaciones que cuando lo situamos en clave sistémica damos cuenta de que los cambios implementados en el capitalismo mexicano lo sitúa con una serie de atributos que lo diferencian del modelo impulsado por Argentina y Brasil en donde se ha consolidado un modelo capitalista guiado por un mercado interno que tiene de agente tutelar o guía al Estado, mientras tanto México se ha lanzado a la aventura de construir un proyecto capitalista de subcontratación internacional desarticulado hacia el interior, pero bien articulado externamente.  

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