El estudio
de los grupos de poder está íntimamente ligado con la evolución del régimen
democrático en la medida de que su marco de acción es cuestionado por grandes
núcleos de población a quienes se les ha
restituido capacidades ciudadanas y de intervención en los asuntos
públicos. Las tendencias a transparentar y a la construcción de un proyecto
contra-democrático de control sobre los gobiernos han permitido poner atención
en estos actores que han logrado organizar sus intereses y así poder influir y
determinar la agenda pública a partir de un discurso y acción pública. Las alianzas
los grupos de poder han establecido en áreas estratégicas con el Estado se
convierten en parte de una estrategia política de estos grupos, quienes en su
capacidad de influencia capturan o anclan sus proyectos. Sin duda, esto
determina una nueva relación de lo público estatal, pues hay que reconocer el
discurso gubernamental está seducido por esta visión particular que le brinda
un campo de acción más amplio sin que su trabajo gubernativo este expuesto a principios
éticos o morales.
La
metamorfosis no sólo del discurso gubernamental si no también de la función del
Estado ha sido analizado en países como Argentina, Chile donde las acciones
empresariales por sectores estratégicos fueron claves para ver cómo ocurrieron
los cambios socio-políticos y socio-económicos en sus respectivas sociedades.
Es interesante valorar que la relación entre los grupos de poder y el Estado si
bien se volvió más transversal el factor jerárquico alineaba los campos de
actividades para alentar a aquellas áreas que se aperturaron a la inversión
extranjera vía los grupos de poder locales
que como pequeños inversores encontraron en dichas alianzas verdaderas fuentes
de ganancias inmediatas.
Es decir, en algún momento tenemos que referir a la
redefinición de lo público estatal entendiendo que en la apariencia el supuesto
repliegue no es más que el permanente ajuste condicionado mutuamente de la frontera
entre lo público-privado. Asimismo lo que nos enseña el fortalecimiento de los
distintos sistemas capitalistas imperantes en América Latina es que las
relaciones de poder siguen vigentes determinando las diversas negociaciones que
permiten control y delegación desde y para el “gobierno indirecto cada vez más
privado”. Es decir en ningún momento existe un ocaso de la influencia de lo
político en espacios de decisión gubernamental.
En el caso
mexicano los grupos de poder son actores que se han vuelto claves en la
dinámica de evolución de sectores estratégicos desde las reformas
constitucionales que han abierto áreas de la economía que demandan de liquidez,
es así que los contratos por servicios abrieron paso a un cambio en la
existencia de la empresa pública, hasta el modelo en el que empresas como
PEMEX, CFE se han convertido en empresas productivas del Estado. Estas
transformaciones estructurales de sectores claves de la economía nacional
refuerzan la presencia de actores económicos de los que hay que reconocer su
dinámica y relevante papel en la articulación de las nuevas relaciones
económicas, políticas y sociales. Relaciones que cuando lo situamos en clave
sistémica damos cuenta de que los cambios implementados en el capitalismo
mexicano lo sitúa con una serie de atributos que lo diferencian del modelo
impulsado por Argentina y Brasil en donde se ha consolidado un modelo
capitalista guiado por un mercado interno que tiene de agente tutelar o guía al
Estado, mientras tanto México se ha lanzado a la aventura de construir un
proyecto capitalista de subcontratación internacional desarticulado hacia el
interior, pero bien articulado externamente.
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