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lunes, 7 de septiembre de 2015

Transparencia en los programas sociales

Salvador Mora Velázquez

La política de transparencia y rendición de cuentas permite constituir un sistema de control y sanción que está habilitado para garantizar índices óptimos de legitimidad entorno del desempeño y trabajo gubernamental, por eso asumimos que la instituyente acción de crear un Instituto de Transparencia (2006) por parte de la izquierda en el DF es para que a partir de la publicitación como un mecanismo de interacción entre gobernantes-gobernados se logre resolver o se contenga –si fuera el caso- para resolver los niveles de desconfianza que ni los organismos autónomos han podido contener.  

El déficit institucional que se traduce en una incapacidad de estos cuerpos para generar confianza es un problema que escapa a las propias capacidades de los cuerpos de representación, pues el primer dilema con que se enfrentan los gobiernos locales es que la percepción ciudadana no vislumbra una distinción entre el gobernante federal o local –la política es una y sus actores son parte del mismo actuar- de ahí que el gobernante de izquierda tiene que reforzar prácticas proactivas que vayan a beneficiar directamente sobre los índices de aceptación ciudadana en su gobierno; si a lo anterior agregamos los problemas connaturales a los gobiernos representativos y propiamente a la democracia liberal quien vive una permanente desafección social y por ende los gobiernos en América Latina. Esta situación de crisis  han generado desestabilidad que se traduce en ingobernabilidad. Para ello los gobiernos y tanto la izquierda –como ha ocurrido en la capital federal de México- buscan ser más imaginativos con propuestas que escapan al terreno social, para impactar esferas de los derechos individuales, derechos políticos e incluso derechos sociales. 

La llegada de la izquierda en México tiene como antecedente las diversas crisis económicas que devinieron en crisis políticas, en un momento donde predominaron los gobiernos débiles que de cierta manera fomentaron actos que fueron dañando el tejido social son diversas las formas en que los gobiernos liberales atentaron contra la sociedad, destacamos las políticas de choque aplicadas que afectaron directamente el poder adquisitivo de la sociedad, la inefectividad de la ley para regular las relaciones entre particulares, son escenarios con que se topó un proyecto de izquierda.

Resolver la desconfianza estructural, la corrupción e incluso el problema creciente de la desafección ciudadana hacia los gobiernos democráticos nos obliga a recuperar la idea de sociedades vigilantes bajo los mecanismos que la accountability ha abierto para que se constituyan interrelaciones basadas en principio éticos de control y transparencia de las acciones de los gobiernos, tanto en el ámbito federal como local, estas prácticas de publicitación son un impulso de la izquierda en el DF, de esta manera el Partido de la Revolución Democrática ratifica su compromiso ya no sólo con la democracia sino con la calidad de ésta.

La izquierda se caracteriza por aglutinar simpatías y militancias entorno de objetivos democratizadores que trazan como fin último la transformación social, de ahí que cuando hemos considerado que la transparencia y rendición de cuentas son prácticas que cubren las relaciones ejecutivo local y la Asamblea Legislativa –vía la Contaduría mayor quien se convierte en un actor que obtiene atribuciones de corresponsabilidad más que de control, señalamos lo anterior ya que no podemos omitir que la revisión de la cuenta pública de la hacienda del Distrito Federal por parte del órgano legislativo se convierte en una práctica proactiva y no de reactiva al tener la mayoría de legisladores el partido en el poder , variable sustantiva para valorar por qué una política de control no se convierte en una práctica que afecte el desempeño del gobierno.

Asimismo podemos considerar que la constitución de un órgano como el Instituto de Acceso a la Información Pública del DF es un paso más para garantizar la transformación de la esfera pública-estatal a partir de la publicitación de los actos gubernamentales ante públicos ciudadanos independientes que ven limitaciones en las prácticas corporatistas de la época autoritaria o de miembros activos de la sociedad civil que están pendientes del actuar de sus gobernantes.

En cuanto a programas sociales que devienen de una agenda de políticas que se basa en el principio de igualdad tiene que encontrar que un proyecto como lo es la implementación de algún tipo de renta básica la cual se ha configurado en programas de apoyo como son becas para estudios de niños y jóvenes que se encuentran dentro del núcleo poblacional con quien el Estado se ve comprometido a otorgar educación gratuita –en el caso mexicano la Constitución , entrega de apoyo al transporte, programa de útiles y uniformes escolares y el programa de seguro de desempleo han cristalizado en proyectos que buscan si no acabar con la pobreza sí limitar su avance, frenar los impactos que las políticas de libre mercado causan en los núcleos de población de la ciudad.

La ciudad de México no escapa a los males de las metrópolis occidentales: “hombres y familias sin hogar que bregan vanamente en busca de refugio; mendigos en los transportes públicos que narran extensos y desconsoladores relatos de desgracias y desamparo personales; comedores de beneficencia rebosantes no sólo de vagabundos sino de desocupados y subocupados; la oleada de delitos y rapiñas, y el auge de las economías callejeras informales (y las más de las veces ilegales)” Wacquant (2001: 170), por eso es oportuno pensar que una agenda de políticas que tiene por tema dar solución a la tensión igualdad-libertad, esa es la raíz o el origen de por qué plantear una propuesta de renta básica pues lo que busca es garantizar un derecho humano irrenunciable justicia y dignidad, por eso como valores inalienables al ser humano las políticas y programas que los gobiernos de izquierda han implementado para lograr que las “subclases” de ciudadanos, que forman parte –se quiera o no- de la ciudad de México, cuenten con elementos mínimos para garantizar su sobrevivencia a partir de un principio solidario que apela a la restitución de la cohesión social.

Cuando hablamos por eso de programas que buscan que los niños y jóvenes de la capital no abandonen sus estudios  a partir del otorgamiento de becas, insumos básicos para garantizar su presencia en el aula (ya sea mediante el otorgamiento de útiles escolares, tarjetas de descuento al 100% en el uso del transporte administrado por el gobierno local –no así el concesionado-) permiten  consolidar un apoyo a las bases trabajadoras quienes no sólo se ven expuestas a la privación y carencia material sino también a la condescendencia de los ricos para vivir –debido a los magros salarios o el nivel de renta per cápita que no corresponde con el valor-trabajo depositado en el bien obtenido del obrero, sea de cuello blanco o azul

En virtud de lo anterior y retomando el binomio ricos-pobres tenemos que la dependencia del trabajador de su trabajo y propiamente de las relaciones de subordinación con el empresario lo vuelven un ser vulnerable, pues su existencia material condicionada mengua su libertad. En palabras de Daniel Raventós (2006:18) la desigualdad social es un freno para el goce de la libertad de millones de personas, con esta afirmación tenemos que el riesgo de proyecto de país, de ciudad siempre dependerá del binomio libertad e igualdad ya que configura dos principios que en la práctica son valorados por la izquierda y la derecha en dos órdenes opuestos, mientras el primero busca un papel de responsabilidad pública del Estado el segundo busca la limitación del mismo elevando al mercado a un espacio de preeminencia insano para el devenir de toda sociedad.

Es así que una agenda social bajo prácticas de bienestar mínimo restituye un poco de lo que los hombres han dado a sus naciones, y una de ellas es el establecimiento de un proyecto que traza criterios universales sin considerar condición social (programa de apoyo a adultos mayores); se reserva a los pobres (becas, útiles escolares, la red ángel –un programa de salud básica-teniendo en cuenta la condición socioeconómica de los beneficiarios-, incluso dichos programas no buscan una contrapartida de restitución del beneficio obtenido con lo que estamos ante un gobierno que mantiene prácticas favorecedoras de una sociedad decente (Margalit, 1997) , la cual se distingue por contar con instituciones que no humillan a sus ciudadanos, es decir no atenta contra la integridad y respeto que se tienen ellos mismos, los miembros de una comunidad, asimismo no práctica la exclusión de ninguna minoría moralmente legítima. Bajo este esquema el gobierno de izquierda que por 18 años gobierna la capital mexicana es un oximorón dentro del desgaste del político mexicano, porque entre lo peor ha sabido construir un proyecto ejemplar en políticas públicas restitutivas de la dignidad humana.

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