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lunes, 7 de septiembre de 2015

La implementación de políticas en materia de seguridad en México: el caso de Programa Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia (Pronaped)

Salvador Mora Velázquez

En la implementación del programa de prevención del delito durante el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto se han encontrado limitaciones , destacamos los siguientes hallazgos:

a) La metodología para la selección de las demarcaciones prioritarias no es transparente En los informes de evaluación que al respecto ha realizado México Evalúa A. C. Se encuentra que los criterios de selección de las demarcaciones e spoco claro, actualmente con datos de octubre de 2014 se tiene que los municipios que forman parte de dicho programa son 94 municipios y cinco delegaciones políticas que corresponden a las 32 entidades de la República Mexicana, es decir por lo menos en su implementación se ha considerado a un municipio de cada una de las entidades que conforman el territorio mexicano. Sin embargo es poco claro advertir la selección habilitada por lo menos en la primera fase que se implementó tomando como eje a aquellos que se encuentran en las Bases del Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia e Instalación de la Comisión Intersecretarial(2013) al cual señalaba que las 57 demarcaciones con intervención focalizada se daban a partir de los siguientes criterios: porque tenían altas tasas delictivas “y condiciones que constituyen factores de riesgo para el surgimiento o permanencia de distintos tipos de violencia”, incluso dicha opacidad se extendía a la construcción de los polígonos o zonas focalizadas (espacio territorial en el que se dividieron los municipios o demarcaciones) de intervención las cuales se identifican por contar con una población de entre 10 ó 15 mil habitantes. No obsta aportar que los polígonos al interior de los municipios dividían el territorio de estos órdenes de gobierno de uno a siete polígonos. Con respecto a la incorporación de nuevas demarcaciones que se incorporaron para el año 2014 se destacan evidencias empíricas que no necesariamente pueden tomarse como criterios formales de la selección municipios como Apatzingán, Lázaro Cárdenas en Michoacán, Tecomán en Colima, San Luis Río Colorado en Sonora, Reynosa en Tamaulipas, se tienen indicadores de alta presencia del crimen organizado o de espacios territoriales de trasiego de drogas.

b) La distribución de recursos no está vinculada a los objetivos del programa Es interesante advertir que a dicho programa se le asignaron 2 mil 595 millones de pesos los cuales serían entregados a las entidades bajo tres criterios
• Población beneficiada
• Incidencia delictiva
• Cobertura territorial
Lo que resalta de dicho criterio es que no hace una distinción en los tipos de delito, realizando una generalización de lo que para el gobierno federal es prioridad atacar: el homicidio. En su definición estrecha del delito omite que la violencia diversifica su presencia y que sus distintos rostros atentan contra la vida colectiva. Al respecto podemos señalar que el rostro de la violencia forma parte de nuestra cotidianidad: “en los espacios públicos, , en las calles, se pasea por los parques, deambula por los caminos y también la encontramos asentada en los hogares, problemas como el narcotráfico, la trata de personas, el bulling, la violencia intrafamiliar y de género, el tráfico de armas, el secuestro y los desaparecidos, la extorsión, las ejecuciones, los feminicidios, la corrupción e impunidad y la ilegalidad son hechos que afectan el tejido social.” Valero Chávez(2015)
Es así que violencia es un síntoma de una fragilidad del tejido comunitario que está privado para conformar el entorno del día a día de los habitantes. De esta forma se arrancan espacios a la sociedad para ser secuestrados por la delincuencia y su rostro más conocido: la violencia. El miedo, el aislamiento que derivan como causas promovidas por la inseguridad son factores que manifiestan diversas problemáticas que no necesariamente se pueden generalizar, de ahí que criterios como el número de población no puede ser un criterio para asignación de recursos, pues hay factores incluso al interior de los polígonos o demarcaciones en las que la distribución desigual de la incidencia delictiva y sus implicaciones son factores clave para entender y por ende ofrecer respuestas acordes a cada particularidad. El perfil de incidencia delictiva determina la forma de intervención y no así una tipificación unívoca, ni siquiera un programa que busca impulsar el empleo es válido ahí donde la cadena productiva está detenida como ocurrió en algún momento en ciudades como Ciudad Juárez o Tamaulipas. Al respecto Tonatiuh Guillén (2014: 57) señala que hay espacios municipales en que “son necesarias estrategias de énfasis coercitivo, sobre todo en el corto plazo. En otras, el desarrollo social y la integración de grupos sociales al ámbito institucional son de urgente necesidad y una alternativa clara. Es decir, cada situación municipal requiere de modalidades de intervención que no solamente se distinguen en la escala, sino también en los contenidos.” Con respecto a los montos brutos arrojan peculiaridades en donde se encuentran variaciones en el porcentaje asignado para demarcaciones que ya se encontraban en el programa en el año 2013 y que se mantienen en el mismo en 2014. El descenso en el recurso ronda 4% o más del recurso originalmente asignado dicho ajuste se considera se debe a que se han incorporado nuevas demarcaciones o municipios. Incluso se puede considerar que si se analiza por entidades federativas (estados) los montos relativos aumentan ya que hay estados de la República que adicionaron municipios al programa México Evalúa(2015). Los estados que obtuvieron mayores recursos son Hidalgo, Michoacán, Tabasco. Incluso ampliando nuestra observación en el primer año de implementación del programa se destaca lo siguiente:

“no todas las demarcaciones [seleccionadas] se encuentran en la parte superior del ranking por factores de riesgo. Dada la falta de información y claridad sobre los procesos de selección, no es posible saber si la selección de las demarcaciones responde en mayor medida a los factores de población, geográficos y de incidencia delictiva que se mencionan en el artículo 10 de Presupuesto de Egresos de la Federación de 2013, o a los factores de riesgo.” México Evalúa(2014)
c) La mayoría de los diagnósticos en los proyectos de prevención presentados por las  autoridades locales carecen de evidencia sólida. Es necesaria la comparación entre los dos primeros años de implementación del programa marco ya que el año 2013 ya que los criterios de diagnóstico se modificaron al año siguiente, de realizar un diagnóstico por proyecto ahora se realizaba un diagnóstico por demarcación (municipio). Incluso con base al documento realizado por Chapa y Ley podemos retomar que los diagnósticos correspondían a años anteriores y por ende para programas distintos a los que para esta convocatoria se solicitaban. Considerando los elementos que están omisos en los 176 documentos de diagnóstico en 76 se destaca “no identifica explícitamente el nivel de gobierno ni el área responsable de su elaboración.” México Evalúa(2015) A pesar de que se pudieron detectar elementos cuantitativos incluidos en los diagnósticos para el año 2014 como son población, educación, salud, situación socio-económica, incidencia delictiva/ percepción sobre inseguridad, capital social esta información resulta insuficiente puesto que la unidad territorial no es la demarcación (municipio o zona metropolitana) si no son los polígonos (colonias), este elemento no permite identificar variables sensibles para la elaboración de la política pública o incluso para desarrollar las estrategias de intervención; esta necesidad de información es una condición relevante para que estas intervenciones puedan ser precisas ya que tienen un focus de población y acciones que están establecidas para los problemas particulares que se pretenden atender exitosamente. Hay que recordar que la diversidad de acciones punitivas, así como las causas que las originan son factores que no deben omitirse; por ende si esta identificación no es clara en niveles micros la estrategia de intervención tendrá omisiones importantes. Al respecto Tonatiuh Guillén(2014) señala “En la vida cotidiana adquiere una importancia mayor el delito más frecuente que el delito de alto impacto porque es más probable sufrir un robo, por ejemplo, que estar involucrado en un evento del crimen organizado. Esta diferencia también se nota considerando la situación de las ciudades y su perfil de- lictivo específico. Hay ciudades en donde los delitos de alto impacto son escasos (Mérida, notablemente) y otras donde pueden ser muy elevados, como Ciudad Juárez entre 2007 y 2012.” Bajo esta observación, que no exista este cuidado en la obtención de la información por parte de los órdenes de gobierno municipal para identificar los factores que alteran la seguridad  pública en espacios como son la calle nos coloca en dos planos: la ausencia de una metodología que homogenice los indicadores que permitan evaluar cuantitavemente los temas de seguridad, el otro elemento es la toma de decisiones que no cuenta con información suficiente. En el año 2014 a pesar de que existen indicadores cualitativos como son focus group o recorridos exploratorios por las zonas de atención, estos elementos cualitativos no permitieron identificar factores de riesgo con algún tipo de delito, es decir no se resuelve la pregunta¿qué problema o factor de riesgo delictivo o de violencia necesita atenderse en el polígono? Asimismo, otro de los problemas de los diagnósticos es que los programas y/o acciones a desarrollar no establecen una relación causal de impacto positivo con lo que se valorice que la estrategia es oportuna porque se busca atender los factores generadores de violencia y delito.
d) La mayor parte de los proyectos de prevención presentados por las autoridades locales no incorporan indicadores y metas que hagan posible la evaluación de su impacto en materia de prevención social. Si retomamos las debilidades de los diagnósticos del año 2013 tenemos demasiados elementos para resumir el por qué de la falta de indicadores que evalúen el impacto de las estrategias y/o programas en las demarcaciones. No obsta considerar que ante la falta de adecuados diagnósticos los resultados son evidentes. Pues el objetivo básico es la implementación Pronaped en primera instancia, hay que recordar que dicho programa formaba parte de los acuerdos del Pacto por México en donde las tres principales fuerzas políticas del país establecieron puntos de convergencia de lo que debía afrontarse, no así sus resultados. Se dejó en manos del gobierno su implementación así como el de dar seguimiento y evaluación. Si retomamos la clasificación de los tipos de diagnósticos que se elaboraron por parte de las demarcaciones para solicitar fondos y así implementar sus programas tenemos cinco tipos de documentos de diagnósticos que agrupan a al totalidad de solicitudes hechas, cabe destacar que en todos los documentos hubo fallas, a saber la clasificación nos indica los principales límites hallados
“1)Diagnóstico objetivo basado en indicadores objetivos cuantitativos
y/o cualitativos
Estos fueron los casos en los que se expuso evidencia, ya sea proveniente de reportes de las llamadas al número de emergencias, encuestas, o de algún estudio realizado por instituciones independientes, por medio de la cual se identifica el problema que se busca atender con las actividades del proyecto. 2)Los casos que caen en ambas categorías incurren en una o las dos fallas siguientes: el diagnóstico se limita a presentar información sociodemográfica del polígono o municipio sin relación con lo que se termina definiendo como el tema del proyecto, o se presentaron a manera de diagnóstico una serie de conjeturas en torno al problema y su(s) causa(s) sin evidencia objetiva que las sustente. La pregunta que no logra responderse claramente en ambos casos es ¿qué problema o factor de riesgo delictivo o de violencia necesita atenderse en el polígono?
3)Se trata de una justificación del proyecto En esta categoría se ubicó a los casos en los que en el espacio asignado para el diagnóstico se presentaron argumentos para justificar la realización del proyecto y/o se ahondó en detalles del proyecto sin proporcionar información que refleje algún tipo de análisis de problemas en la demarcación con el objetivo de atender de manera precisa factores generadores de violencia y delito.
4) No hay diagnóstico Dentro de esta categoría se identificó alguna de las siguientes tres situaciones: a) el espacio para exponer el diagnóstico que justifica el proyecto se dejó en blanco; b) se repitió el objetivo del proyecto en lugar de construir un diagnóstico; o c) aparecen argumentos con problemas de sintaxis que hacen imposible su comprensión. El problema que se genera es, para términos prácticos, el mismo de la categoría anterior. Al no haber expuesto los problemas o necesidades presentes en la demarcación, no es posible valorar la coherencia entre lo que se detectó y el cambio que se pretende lograr con la implementación del proyecto, ni la pertinencia de la acción en general.
5) No aplica diagnóstico Esta clasificación engloba actividades que se programaron por separado y que propiamente no constituyen por sí solas un proyecto de prevención social del delito.” México Evalúa(2014)
En virtud de lo anterior podemos señalar que la elaboración de los proyectos fueron elaborados por los gobiernos estatales, municipales o consultoras privadas; sin embargo a pesar de que en su elaboración no debería valorarse la capacidad de los equipos técnicos es probable considerar las limitaciones de estos equipos para la elaboración de dichos documentos. Por otra parte en todos los proyectos la prevención del delito es factor clave para considerar su financiamiento, el focus de población a atender es determinante y propiamente la acción preventiva en la que la meta verdaderamente impacta en la protección y/o prevención de la victimización de la población ya sea en los polígonos o municipios. El sentido y cantidad de los indicadores así como la definición de lo que se mide es contradictorio en programas como el Programa Intervención Temprana de Problemas de Aprendizaje y Conductuales (Entrega de Lentes) ya que no resulta claro cómo y en qué magnitud se contiene el delito con esta acción, asimismo destacan casos como el programa de recuperación de espacios públicos en donde la asignación de recursos para alumbrado público no queda claro en qué medida previene el delito. Incluso hay casos en los que la evidencia que permite observar la relación entre el diagnóstico y la ejecución del programa para garantizar la protección de la comunidad es difusa e incluso rebasa el objetivo del programa marco pues “la rehabilitación de un proyecto en Toluca para remodelación de banquetas y camellones con plantas de ornato y pasto” Maerker(2015) es parte de las acciones de gobierno del municipio no de la federación vía el Programa Nacional de Prevención del Delito.
Finalmente, del total de proyectos presentados en las 5500 acciones que el Pronaped financia sólo “el 27.5 por ciento de los proyectos cuenta con indicadores que permitirán evaluar si se alcanzó el objetivo del proyecto. En el resto de los casos, las metas e indicadores definidos no abordan en absoluto el cambio o resultado esperado que se plantea en el objetivo.” México Evalúa(2015)

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