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jueves, 16 de marzo de 2017

De enroques en el PRI

Los cambios en el PRI a partir de la llegada de tres “aliados” del grupo de Enrique Peña Nieto, puede leerse como adecuaciones recurrentes en contextos que demandan un refuerzo de estrategias que tratan de resolver el desgaste de lideres partidistas en su relación con la élite o grupo del presidente de la Republica. En el caso de este partido la salida de Manlio Fabio Beltrones permitió que llegara Ochoa Reza, miembro del grupo que Luis Videgaray ha venido consolidando, con miras al 2018.
La llegada de Claudia Ruiz Massieu mediante un doble enroque a la Secretaría General del partido –hay que recordar que se incorporó como secretaria de organización- , así como el de mover de su cargo como secretario de organización para convertirlo en dirigente de la CNOP a Arturo Zamora nos ofrece un escenario de reacomodo natural que incluso puede leerse como cambios que tratan de limar relaciones que producto de la intervención –sin ser parte del gabinete Videgaray- propició la visita de Donald Trump. El caso de José Murat es diferente, a pesar de que había construido una candidatura abierta para presidir al sector popular; como premio de consolación ha sido nombrado dirigente de la Fundación Colosio, instancia que es encargada de elaborar la plataforma electoral del partido y que obliga desde esa trinchera a realizar un importante trabajo para redefinir los principios y valores que representa el PRI. Sin omitir las diferencias en su carrera política,  el papel que ha jugado Murat –miembro de un viejo PRI- al  brindar su apoyo al grupo de Peña-Videgaray le ha permitido mantenerse como un activo dentro del partido, incluso es de recocer su papel como operador de asuntos tan relevantes como el pacto por México. Los casos de Claudia Ruiz y de Arturo Zamora pueden leerse como políticos con un presencia legislativa y por ende miembros activos del partido. El grado de aceptación que de sí muestran estos dos perfiles se eclipsa con Murat. Sin embargo, la retórica del dirigente Ochoa Reza ofrece la idea de que estos tres políticos ayudarán a mantener la unidad y sobre todo en garantizar los resultados que el presidente de la República desea que el partido obtenga en los cuatro procesos electorales de este año y en la elección presidencial de 2018. Reto nada menor si consideramos el desgaste que ha tenido el partido por el desempeño y sobre todo la corrupción que ha permeado a gobernadores como Javier Duarte, Roberto Borge, a lo anterior hay que agregar el gasolinazo, la casa blanca, casos que han provocado el rechazo generalizado con el gobierno.
Los cambios van en un sentido, fortalecer al grupo Peña-Videgaray, equipo de técnicos que busca consolidarse –recordemos que Nuño- era candidato del presidente para convertirse en dirigente del PRI y no lo logró. La llegada de esta dirigencia “parchada” busca perfilar un escenario favorable para que este claque siga siendo hegemónico y se vea beneficiado en el camino a la sucesión de 2018, momento de quiebre de todo apoyo incondicional.


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