Desde
la idea de la interpelación de nuevos actores sociales la aparición de los
nuevos movimientos sociales viene a configurar un espacio autónomo de la
existencia de la sociedad civil para distinguirse del Estado. De otra manera
los procesos de diferenciación social han implicado rupturas que en el ámbito
de lo social implican autonomías de espacios anteriormente conducidos bajo
esquemas corporativos, en donde la interpenetración del poder político
determinó la forma de participación de sujetos sociales en agendas que se propusieron
como parte de proyectos políticos basados en factores de unidad nacional o de relegitimación
del proyecto popular-nacional como ha sido descrito, puede valorarse que el
populismo fue un instrumento de inclusión que permitió
“una demanda legítima por
representación y reconocimiento, pero a la vez puede ser considerado como el intento – por
cierto fallido – de ciertos grupos organizados por desatender los mecanismos institucionales de
representación y priorizar sus propios intereses
frente al resto total de la población.”(Frei y Rovira, 2008:122)
Si
podemos reconocer factores afirmativos del populismo dentro de la política
mexicana tenemos que entenderlo como parte de un mecanismo que posibilitó
espacios y canales de intercambio entre el poder político y las organizaciones
sociales. Es así que tanto el poder ejecutivo federal como el PRI contaron con
la fuerza subordinada de un movimiento con una base policlasista. Los sectores
sociales incorporados estaban integrados
por “.... asalariados urbanos y rurales y el campesinado, y de los empobrecidos
[...]sectores medios urbanos en ascenso e, incluso, por elementos aislados de
la burguesía...”(López Rivera, 2010: 18)
Asimismo
de que valoramos factores de inclusión el populismo mexicano podemos leerlo
como un fenómeno político que permitió ampliar la función del Estado en materia
económica y del conflicto socio-político, ésta capacidad institucional no
formal recayó en un poder Ejecutivo fuerte que lo mismo influía en la
nominación de candidaturas como determinar la vigencia de un principio
selectivo de justicia. Es oportuno destacar que el populismo se convierte en un
factor de cambio sobre la cultura política, desde esta posición podemos
advertir que el periodo definido por el creciente autoritario en un contexto de
representación política bajo el dominio de un solo partido nos ofrece un
panorama complejo ya que por una parte la cultura política mexicana autoritaria
se desarrollaba bajo un escenario en el que se incentivaban ciertos derechos
complementados con la apertura de espacios que bien semejaban un modelo tutelado
en materia política, social, material y simbólicos.
Los
factores decisionistas determinaron atributos que no debemos hacerlos recaer en
la personificación del liderazgo político popular, ya que entonces se pierde el
factor político que implicó la articulación política. Desde esta mirada podemos
sobreponernos a valoraciones negativas que pesarían sobre un proyecto populista
que al analizarse desde singularidades (fenómenos como son la personalización,
factores macroeconómicos que derivaron en crisis económicas) limitan nuestra
presentación.
El
momento rupturista emanado desde los movimientos sociales es quizás 1968,
momento en el que podemos repensar la idea movimiento que podemos definir como
“un movimiento social tiene
lugar sólo cuando se fomentan identidades colectivas que trascienden eventos e
iniciativas particulares. La identidad colectiva se relaciona estrechamente con
reconocimiento y la creación de conectividad. Conlleva un sentido de propósito
común y compromiso compartido en una causa que permite que activistas y/o
organizaciones individuales se consideren vinculados de manera inextricable con
otros actores –no necesariamente idénticos peros sí seguramente compatibles- en
una organización colectiva más amplia.” (Della Porta y Diani, 2011:
44)
Asimismo
podemos reconocer que se puede encontrar una serie de atributos que superan
formatos basados en clase o dentro de los elementos que se han definidos como
parte de la ocupación del espacio público. En un contexto en donde la ocupación
del espacio, la restricción para el desarrollo de la movilización el carácter
contestatario del movimiento estudiantil replantea el factor simbólico de una
forma de relación política entre los sectores sociales y el poder político.
La
movilización social recrea tres momentos en plenitud, quedan en el lector o
auditorio imágenes como la manifestación callejera definiendo el uso de tres
elementos:
a)
las vías públicas; b) “... la ocupación de un espacio público para celebrar una
concentración ... ; c) ... la combinación de ambas en una marcha hacia o desde
un lugar de concentración...” (Klandermans y Stekelenburg, 2011)
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