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jueves, 2 de marzo de 2017

Populismo y movimiento social: algunas notas

Desde la idea de la interpelación de nuevos actores sociales la aparición de los nuevos movimientos sociales viene a configurar un espacio autónomo de la existencia de la sociedad civil para distinguirse del Estado. De otra manera los procesos de diferenciación social han implicado rupturas que en el ámbito de lo social implican autonomías de espacios anteriormente conducidos bajo esquemas corporativos, en donde la interpenetración del poder político determinó la forma de participación de sujetos sociales en agendas que se propusieron como parte de proyectos políticos basados en factores de unidad nacional o de relegitimación del proyecto popular-nacional como ha sido descrito, puede valorarse que el populismo fue un instrumento de inclusión que permitió
            una demanda legítima por representación y reconocimiento, pero a la vez puede ser          considerado como el intento – por cierto fallido – de ciertos grupos organizados por           desatender los mecanismos institucionales de representación y priorizar sus propios          intereses frente al resto total de la población.”(Frei y Rovira, 2008:122)
Si podemos reconocer factores afirmativos del populismo dentro de la política mexicana tenemos que entenderlo como parte de un mecanismo que posibilitó espacios y canales de intercambio entre el poder político y las organizaciones sociales. Es así que tanto el poder ejecutivo federal como el PRI contaron con la fuerza subordinada de un movimiento con una base policlasista. Los sectores sociales incorporados  estaban integrados por “.... asalariados urbanos y rurales y el campesinado, y de los empobrecidos [...]sectores medios urbanos en ascenso e, incluso, por elementos aislados de la burguesía...”(López Rivera, 2010: 18)
Asimismo de que valoramos factores de inclusión el populismo mexicano podemos leerlo como un fenómeno político que permitió ampliar la función del Estado en materia económica y del conflicto socio-político, ésta capacidad institucional no formal recayó en un poder Ejecutivo fuerte que lo mismo influía en la nominación de candidaturas como determinar la vigencia de un principio selectivo de justicia. Es oportuno destacar que el populismo se convierte en un factor de cambio sobre la cultura política, desde esta posición podemos advertir que el periodo definido por el creciente autoritario en un contexto de representación política bajo el dominio de un solo partido nos ofrece un panorama complejo ya que por una parte la cultura política mexicana autoritaria se desarrollaba bajo un escenario en el que se incentivaban ciertos derechos complementados con la apertura de espacios que bien semejaban un modelo tutelado en materia política, social, material y simbólicos.
  Los factores decisionistas determinaron atributos que no debemos hacerlos recaer en la personificación del liderazgo político popular, ya que entonces se pierde el factor político que implicó la articulación política. Desde esta mirada podemos sobreponernos a valoraciones negativas que pesarían sobre un proyecto populista que al analizarse desde singularidades (fenómenos como son la personalización, factores macroeconómicos que derivaron en crisis económicas) limitan nuestra presentación.
El momento rupturista emanado desde los movimientos sociales es quizás 1968, momento en el que podemos repensar la idea movimiento que podemos definir como

“un movimiento social tiene lugar sólo cuando se fomentan identidades colectivas que trascienden eventos e iniciativas particulares. La identidad colectiva se relaciona estrechamente con reconocimiento y la creación de conectividad. Conlleva un sentido de propósito común y compromiso compartido en una causa que permite que activistas y/o organizaciones individuales se consideren vinculados de manera inextricable con otros actores –no necesariamente idénticos peros sí seguramente compatibles- en una organización colectiva más amplia.” (Della Porta y Diani, 2011: 44)
Asimismo podemos reconocer que se puede encontrar una serie de atributos que superan formatos basados en clase o dentro de los elementos que se han definidos como parte de la ocupación del espacio público. En un contexto en donde la ocupación del espacio, la restricción para el desarrollo de la movilización el carácter contestatario del movimiento estudiantil replantea el factor simbólico de una forma de relación política entre los sectores sociales y el poder político.
La movilización social recrea tres momentos en plenitud, quedan en el lector o auditorio imágenes como la manifestación callejera definiendo el uso de tres elementos:

a) las vías públicas; b) “... la ocupación de un espacio público para celebrar una concentración ... ; c) ... la combinación de ambas en una marcha hacia o desde un lugar de concentración...” (Klandermans y Stekelenburg, 2011)

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